Cuando un ser querido muere, siempre se lleva una parte de nosotros, de lo que somos, lo que fuimos y lo que seremos. Algo se queda dentro de nosotros sus recuerdos, y una promesa brota de nuestros labios aprovechar la vida que aún nos queda. Este post va dedicado a tí Tita Maruja, siempre tan arreglada para igualar tu belleza exterior a tu gran belleza interior, siempre sonriendo y bromeando. Descansa en Paz.
En el castillo de la mota.
esta tan grande que ya podemos sentarla en lo carros de la compra.
El primer regalo del día del padre, hecho por la niña, una corbata.











1 comentario:
Qué bonita la foto de vosotras tres.
Tendrías que haber leído algo en el entierro, desde luego.
Que ganas de ver a la pequeñaja!
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